Recuerdo unas cuantas novelas que me apasionaron, y que retratan con sorprendente similitud, creo yo, lo que está ocurriendo ahora en España. "César o nada", de Pío Baroja (me cuesta trabajo no escribir "don Pío Baroja") es una de ellas. Es la historia de un ascenso planificado, a través de las aguas del poder político de la Primera República. Allí están todos los ingredientes: conspiraciones, intercambio de favores, amiguismos, corporativismo, y el desprecio más absoluto por la voluntad popular.
"¡Viva mi dueño!", de Ramón del Valle Inclán, es más bien una caricatura. O tal vez es que la realidad misma era una caricatura. En cualquier caso, Valle supo reflejar con vívido pincel impresionista la realidad de aquella España. Valle Inclán era, para mí, un escritor genial. Dominaba con la misma maestría el lenguaje de los truhanes de los bajos fondos que el de las clases empingorotadas.
Y la primera novela de Pérez Galdós, "La fontana de oro", que es, para mi gusto, la más apasionante. La literatura española, a diferencia de los quesos franceses, no ha sabido traspasar sus propias fronteras. Calderón de la Barca y Pérez Galdós son dos buenos ejemplos. Calderón no tiene mucho que envidiar a Shakespeare, y Pérez Galdós, a Balzac o a Dickens. Pero ahí están: en las colecciones de bolsillo publicadas para los estudiantes de bachillerato.
Bachillerato que, por cierto, ahora en España llaman "bachiller". No por mor de brevedad, sino por lacra de ignorancia.

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